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de enero (Id=53)
En el principio y antes de los siglos, la palabra era Dios,
y se ha dignado nacer como Salvador del mundo.
In princípio et
ante saécula Deus erat Verbum, et ipse
nasci dignátus est Salvátor mundi.
Oremos:
Señor, que has comenzado de modo admirable la obra de la redención humana con
el nacimiento de tu Hijo;
concédenos, te rogamos, una fe tan sólida que, guiados por el mismo Jesucristo,
podamos alcanzar los premios eternos que nos has prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El que ha nacido de Dios no puede pecar
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
3, 7-10
Hijos míos, que nadie los engañe. El que hace la voluntad de
Dios es justo, como él es justo. El que peca pertenece al diablo, porque desde
el principio el diablo peca. Y el Hijo de Dios se manifestó para destruir las
obras del diablo.
El que ha nacido de Dios no peca, porque la semilla divina permanece en él; no
puede continuar pecando, porque ha nacido de Dios. La distinción entre los
hijos de Dios y los del diablo es ésta: quien no hace la voluntad de Dios y
quien no ama a su hermano, no es de Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 97, 1.7-8.9
Toda la tierra ha visto al Salvador.
Vidérunt omnes términi
terrae salutáre Dei nostri.
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas;
su mano le ha dado la victoria, su santo brazo.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
Vidérunt omnes términi
terrae salutáre Dei nostri.
Que resuene el mar y cuanto lo llena, la tierra y todos sus
habitantes; aplaudan los ríos, salten de alegría las montañas.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
Vidérunt omnes términi
terrae salutáre Dei nostri.
Ante el Señor que viene a gobernar la tierra: gobernará con
justicia al mundo, a las naciones con rectitud.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
Vidérunt omnes términi
terrae salutáre Dei nostri.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones y de muchas
maneras habló Dios en el pasado a nuestros antepasados por boca de los
profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo.
Multifáriae olim Deus loquens
pátentibus pátribus in prophétis, novíssime diébus istis locútus
est nobis in Fílio.
Aleluya.
Vieron dónde vivía y se quedaron con él
† Lectura del Santo Evangelio según san Juan
1, 35-42
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus
discípulos. De pronto vio a Jesús que pasaba por allí, y dijo:
"Este es el Cordero de Dios".
Los dos discípulos lo oyeron decir esto y siguieron a Jesús. Jesús dio media
vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó:
"¿Qué buscan?"
Ellos contestaron:
"¿Maestro, ¿dónde vives?"
El les dijo:
"Vengan y lo verán".
Se fueron con él, vieron dónde vivía y pasaron aquel día con él; eran como las
cuatro de
Uno
"Hemos encontrado al Mesías" (que quiere decir Cristo).
Y lo llevó a Jesús. Jesús, mirándolo, le dijo:
"Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Cefas"
(es decir, Pedro).
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta,
Señor, estas ofrendas en las que que vas a realizar
un admirable intercambio, pues al ofrecerte los dones que tú mismo nos diste,
esperamos merecerte a ti mismo como premio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La restauración del universo en la Encarnación
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre
y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo,
Señor nuestro.
Porque en el misterio santo que hoy celebramos, Cristo, el Señor, sin dejar la
gloria del Padre, se hace presente entre nosotros de un modo nuevo: el que era
invisible en su naturaleza, se hace visible al adoptar la nuestra; el eterno,
engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para asumir en sí
todo lo creado, para reconstruir lo que estaba caído y restaurar de este modo
el universo, para llamar de nuevo al Reino de los cielos al hombre sumergido en
el pecado.
Por eso,
unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría:
[Misa]
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para
que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Sic Deus diléxit
mundum, ut Fílium suum unigénitum
daret ut omnis qui credit in eum non péreat, sed hábeat
vitam aetérnam.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Por la eficacia de estos santos misterios, fortalece, Señor, cada vez más
nuestra vida cristiana.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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